lunes, 22 de marzo de 2010


Entre los orixás, es el primero a citarse, el primero a ser recordado en el terreiro, a quién se le pide licencia para que todas las ofrendas a los otros orixás puedan ser realizadas. Hay dos explicaciones para eso: Una se refiere al hecho de que Bará es imprescindible para cualquier unión entre los seres humanos y el mundo astral, siendo su papel primordial, el de mensajero de los orixás. Otra explicación se basa más en el carácter controvertido a él atribuido. Bará sentiría envidia y perturbaría cualquier ceremonia en que no fuese el primero en ser homenajeado. Hay una leyenda que explica esa versión: “El rey del Congo tenía tres hijos: Xangó, Ogum y Bará; Este último era turbulento, peleador y malcriado. Después de su muerte, siempre que los africanos hacían un sacrificio hacían un sacrificio a los espíritus o celebraban una fiesta religiosa, nada era bueno; Las peticiones dirigidas a los dioses no eran oídas, los rebaños fueron diezmados por las epidemias, las cosechas se secaron sin producir frutos, los hombres caían enfermos. Qué tabú habían violado?; El babalawo consultó los obís (frutos de una palmera usados en la adivinación) y estos respondieron que Bará estaba enojado, que quería su parte en los sacrificios. Pero, quién es ese Bará?.- Cómo?, no te acuerdas más de él?. – Ah!, si, aquel niño inquieto.- exactamente, ese. Y fue así que en adelante, no se pudo hacer ninguna obligación, ninguna fiesta, ningún sacrificio sin que Bará fuese servido en primer lugar. Otra leyenda cuenta que Olofím (Olorum, el dios supremo) dijo: “Siendo tú el más chiquito y mi mensajero, serás el más grande en la tierra y en el cielo, y sin contar contigo nunca será posible hacer nada”. Exu Bará lo curó de una dolencia con sus hierbas. Como puede apreciarse, él conoce también las hierbas medicinales, que curan o matan. Junto a su hermano Ogum desenmarañan la floresta. Abre los caminos para que el sacerdote de Hosanna (dios de la floresta y las hierbas) pueda escoger las plantas mágicas y sagradas. Exu Bará es el guardián de la calabaza misteriosa a través de la cuál Osanha habla; Como hablaban los espíritus a través de las maracas de los pajés indígenas. Exú Bará disputa con Ifá el arte de la adivinación. Cuenta un mito que él fue el primer oráculo y le enseño a Ifá la lectura de los mensajes de los dioses en los odús. En otro mito, el primer adivino fue Ifá y Exú con sus artimañas, consiguió hurtarle los secretos adivinatorios. Él es el principio de vida individual. A pesar de que según la tradición existirían muchos Bará, algunos más viejos, otros más jóvenes, su figura puede ser sintetizada por la imagen de un niño saltarín, que luego aprendió a divertirse manipulando a las personas, jugando unas contra otras, pero también prestativo (si bien interesado; Siempre exigiendo algo en cambio de lo que se le pide), no es de él la responsabilidad de decidir lo que es cierto o errado; Apenas realizar la tarea para la cuál fue convocado, eso si concuerda en hacerla aceptando las ofertas a él propuestas. Su relación amistosa con los seres humanos es marcada por el hecho de que todo terreiro tiene un Bará protector, que brinda seguridad a la casa. En Porto Alegre, el sincretismo poco usual de Bará con San Pedro, se presenta como revelador. San Pedro es el portero del paraíso; El responsable por el tráfico de almas, de la misma manera que Bará en el terreiro. Por eso es que su otá es guardado en una casita aparte (Lodé) junto a la entrada o la salida del terreiro; o por lo menos en una de sus marcas limítrofes. Su función de “contacto entre lo real y lo suprareal” hace que Bará sea también el intermediario entre el babalorixá y los demás orixás en la lectura de buzios. Son los orixás que responden y es Bará quien traduce sus respuestas. Por lo tanto, la salud, el futuro, el destino y las recomendaciones de que es necesario para sobrepasar los obstáculos, sólo pueden ser conocidas gracias a su intermediación. Según la tradición yoruba, cada orixá tiene su propio Bará, llamado Elegguá , que funciona como su esclavo o siervo, posibilitando los contactos entre las diferentes divinidades. Bará no queda con esto limitado a realizar apenas las órdenes de otros. En medio de su comportamiento aparentemente malicioso y contradictorio, habría una compleja y difícil búsqueda de un orden. Ese aspecto de su personalidad, se transcribe en una leyenda que dice: “ Xangó estaba perdidamente apasionado por Oxum llegando a violarla, cosa que fue impedida por la rápida intervención de Bará, separándolos. Sus relaciones sexuales se consumarían cuando fueran socialmente sancionadas. En este caso, Bará no interfiere entre los dos porque se descubre una utilidad social y natural para las relaciones entre ellos. La leyenda afirma que cuando Xangó se tiró a los Brazos de Oxum se precipitó una formidable tempestad. De las relaciones entre los dos orixás nació una lluvia.” La concordancia de Bará en cuanto a las relaciones entre Xangó y Oxum se manifiesta, para que ellas se tornaran legales y no fruto de violencia. Bará no puede y no quiere impedir que la lluvia caiga, más, la lluvia tanto puede destruir las cosechas y ablandar la tierra (anegarla); como hacerla fértil. El rayo también; lluvias y rayos deben ser controlados en sus manifestaciones; Es Bará quien aparece, en estos mitos aparentemente contradictorios, para, en cierto modo separar, en otros dejar que la unión se efectúe; como el controlador todopoderoso de estos fenómenos cósmicos. Tales mitos tienden pues a confirmar la función de Bará como regulador del cosmos, aquel que abre o cierra los caminos, las barreras. En suma, como el dios del orden. Esa función coordinadora también puede ser notada en la movilidad vertical que Bará tiene, de acceso tanto a los orixás como a los humanos, al abrir el camino para la comunicación directa ( juego de buzios); Para la realización de cualquier ceremonia, trabajo o fiesta. Los hijos de Bará tendrían como componentes básicos de su personalidad, la ambivalencia, una continua oscilación entre el bien y el mal. Una cierta ironía. Pueden ser altamente comunicativos, consiguiendo a través de eso un cierto destaque social; Gustando de las intrigas, del juego entre bastidores ( donde está el dinero, que también los atrae bastante) y de la política. Por otro lado, tienen gran capacidad de oír a los otros, siéndoles fácil comprender los problemas. Son buenos consejeros, especialmente si una significativa recompensa estuviere en juego. Físicamente, son marcados por ojos incisivos y agudos, que a veces llegan a recordar a las fuerzas del fuego. La creencia popular lo trata como al Diablo de los cristianos, en tanto que en Porto Alegre, como dijimos es sincretizado como San Pedro; Tal disparidad de interpretaciones muestra claramente la incomprensión de que Bará, también llamado Exu Bará, es victima en Brasil, donde se ignora casi por completo sus innumerables funciones. El Exú demonio es un invento de los sacerdotes católicos y de los pastores protestantes. Lo mismo hicieron con el Anhanga de los indios. Es representado con cuernos, símbolo mítico de poder y fecundidad; es atributo de la divinidad en varias mitologías, desde los egipcios y los asirios, babilonios, etc. Exu Bará es un dios fálico y en tanto a Ifá corresponde el acto de la fecundación, a Oxalá el desenvolvimiento del feto en el útero, a Exu pertenecen particularmente los placeres sexuales. En muchas aldeas africanas, Exú es entronizado como un gran miembro viril en erección. Lo cuál representa la unión del camino roto por la separación del cielo y la tierra. Según Roger Bastide “Se trata de un principio de orden humano, reflejo de un orden cósmico. Herstkovits relata que en Dahomey (hoy Benin) Exú es el encargado del censo de la comunidad, a fin de restablecer el perfecto equilibrio demográfico entre vivos y muertos. Es él quien preside las reencarnaciones, providenciando que el alma de quien acaba de morir se incorpore inmediatamente en una criatura que va a nacer. Para algunos, una figura asociada a la imagen de un niño irresponsable, que se divierte con las confusiones que consigue armar entre los humanos y entre los propios orixás. Para otros, una figura temible, peligrosa, inclinada exclusivamente para el mal. Es según la mayoría de las leyendas, hijo de Yemanjá, más no es considerado unánimemente como un orixá. Según la tradición, Exu Bará es el causante de las calamidades, accidentes y desgracias. En respuesta a esa afirmación, también se le atribuye un lado bueno, que tal vez aparezca cuando se le homenajea o se le brinda un sacrificio. A partir de esa dificultad en definir a Exu Bará de manera más rígida; Pierre Verger afirma que Exu Bará se revela, tal vez de esta manera, como el más humano de los orixás, ni completamente malo, ni completamente bueno. Parte de esa contradicción no viene de la creencia yoruba. La identificación de Exu Bará como “el mal” es más clara en Brasil, principalmente cuando los cultos se distancian del cristiano tradicional. La historia explica el proceso de acumulación de las características de uno por el otro con cierta facilidad. En un primer momento, los jesuitas católicos trataron de inculcar la religión católica a los “negros paganos”. Dada la dificultad en someter a un pueblo con todo un conjunto de dioses y divinidades inclusive más rico que la teología occidental, algunos misioneros optaron por aprovechar el panteón africano y moldearlo en la medida de lo posible, a la configuración católica; Más precisamente la dualidad bien-mal. Era por lo tanto, preciso encontrar un diablo y la controvertida figura de Exu Bará fue la mejor prestada a ese objetivo, por diversas razones. Él es la divinidad de fácil relación con los seres humanos, la más próxima al mundo material y por lo tanto, se le pide interferencia en las cuestiones mundanas y prácticas. Por esa facultad, Exu Bará se constituía en el protector de los negros, en el período de esclavitud, contra el arbitrio y el despotismo de los señores. Eran suyos los ebós (conocidos vulgarmente como “despachos”)dejados en las encrucijadas próximas a la casa grande. En una circunstancia de lucha, lo que se cree bien para uno, puede significar mal para otro; Así, los señores del ingenio veían en Exu Bará al demonio que los negros lanzaban sobre ellos. Un factor que facilitó la identificación de Exú Bará con el demonio cristiano, es su ligación con el fuego, con la masa ígnea. Esa identificación Exu-Diablo, fue siendo aceptada integralmente por Umbanda y de manera más completa, por buena parte del Candomblé brasilero. Eso representa una distorsión de los conceptos yorubas tradicionales, que permiten a él, gracias a su irresponsabilidad y falta de padrones morales, el control tanto sobre las fuerzas del bien como de las fuerzas del mal. La moralidad no está en la divinidad, más, sí en quien se relaciona con ella; Así, Exu Bará es consecuentemente una concepción exterior a la dualidad cristiana. Ese preconcepto se revela en el pequeño número de personas que son consagradas a él como hijos. En general, existe una postura diferente entre los hijos de Bará y los otros orixás. Mientras que estos revelan un gran orgullo, que tren dentro de sí las características de una divinidad a quien aprueban, los hijos de Bará generalmente son vistos como sufridores. “gente que carga un pesado fardo”. En el lenguaje de muchos terreiros se marca esa diferencia; Mientras se dice en relación a los otros santos que están “incorporándose” a su hijo, los hijos de Bará son vistos como los que están cargando la divinidad, dado el peso que él representa. Una creencia visiblemente creada a partir del contacto con el cristianismo afirma que el hecho de que alguien naciera hijo de Bará, significa castigo por algo hecho en reencarnaciones anteriores. Finalmente, el recelo de lo que Bará puede hacer con la cabeza de un ser humano es tan grande, que muchos de sus hijos a la vez de ser iniciados, son raspados como hijos de Ogum, después de ceremonias en que Exu Bará es fijado (esto es, “prestado” por un plazo limitado a Bará). Esta transferencia sólo es posible dada la buena relación que existe entre Exú Bará y Ogum, hermanos por parte de madre e igualmente dueños de un carácter violento y agresivo. El día consagrado a Exu Bará es la segunda feria ( lunes), corroborando así la relación que existe entre él y la muerte, ya que la segunda también es el día de los egúns (las almas de los muertos). Su nombre en Fon es Legbá o Elegbá, y en Haití lo llaman Papa Legbá. ATRIBUTOS: Todo Tipo de objetos utilizados en los juegos infantiles, pitos, bolas, soldaditos, todo tipo de llaves, monedas de oro y plata, hoz, cadena, buzios. COLLARES: Son de cuentas de color rojo y negro, que representan la vida y la muerte, el principio y el fin, la guerra y la paz, lo uno y lo otro. Bará Lodé posee una cadena de la que cuelgan 1,3,o 7 llaves antiguas. OFRENDAS: Se realizan en cruce de caminos y pueden ser: Aguardiente, tabaco, maíz tostado, maní torrado, porotos negros torrados, harina de mandioca con aceite de dendé (farofa), pimienta verde, papas asadas, miel, maíz cocido (axoxó), coco, caramelos de miel, etc. ANIMALES QUE SE LE SACRIFICAN: Gallo colorado, chivos, chivitos, palomas oscuras, etc. AFLICCIONES DE LAS QUE PROTEGE: Accidentes, riñas, muerte por hemorragias, mala coagulación, penas, miserias, polineuritis, etc. HIERBAS: Ají, álamo, albahaca de hoja ancha, alcanfor, algarrobo, almendra, artemisa, ciruela, ébano, granada, guayaba, lengua de vaca, mastuerzo, mijo, siempreviva, tabaco, etc. SALUTACIÓN: Alupo en algunas naciones y Laroyé en otras. NO debe confundirse Exú Bará con el Exu de la Umbanda o Quimbanda. Estos espíritus atrasados y perversos, condenados a vagar por el espacio, aunque a veces surgen en el Candomblé como si fuesen Exús. Tales entidades aparecen comúnmente en sesiones Umbandistas como “Almas sufridoras”. Que deben ser adoctrinadas, lo que revela la influencia del espiritismo Kardecista. Identificado en Umbanda como el diablo, la efigie de Exú es la de un Mefistófeles clásico de capa negra, pequeños cuernos, pera y bigote retorcidos. Su versión femenina es la Pomba Gira, nombre formado posiblemente de los congoleses Bombongira y Pangira. Su efigie es una mujer que muestra los senos, de mirar ardiente y diabólico, sonrisa provocante, etc. Son muy numerosos los Exús Umbandistas: Arranca Toco, Tranca Rusa, Malé, Tirirï, Caveira (de los cementerios), Marabó, Ze Pelindra (tipo de malandra carioca), etc, etc. Contrariamente a los candomblés bahianos, o a los Nagós de Recife, en Umbanda, los Exus bajan con facilidad. Hay sesiones hechas especialmente para Exus y Pomba Giras (Quimbanda). En cualquiera sesión, cuando llega la media noche, se cierran las cortinas que cubren el Congá y bajan los Exus, tienen las manos colocadas atrás, caminan un poco curvados y sus gritos son agudos. La hija de santo que incorpora una Pomba Gira asume un aire sensual, hace gestos obscenos, dice frases inconvenientes y hasta llegar a proferir palabrotas. Se encuentra con frecuencia en las esquinas, en un cruce de caminos, presentes para Exú, y consta de aguardiente, cigarros habanos y velas de color rojas y negras y a veces un gallo negro. Para la Pomba Gira se deja también rosas rojas y cigarrillos, en lugar de cigarros habanos, en una encrucijada en T. Al contrario de lo que muchos piensan, no son macumbas formuladas para el mal, apenas son “obligaciones”, un homenaje a Exú, el dueño de los cruces de caminos.

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